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La bibliotecaria del Ilustre Colegio de la Abogacía de Toledo reflexiona sobre el acceso a los recursos jurídicos, la formación continua y el papel de los colegios profesionales en el ejercicio diario de la profesión.
La entrevista, realizada con motivo del Día Internacional de la Mujer, aborda también la evolución del papel de la mujer en la abogacía y los retos pendientes para alcanzar una igualdad efectiva y real.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la responsable de la Biblioteca Jurídica el Ilustre Colegio de la Abogacía de Toledo, Inmaculada Poveda, quiere poner en valor la trayectoria y el trabajo de las profesionales que forman parte de la institución y contribuyen al desarrollo y fortalecimiento de la abogacía. En esta ocasión, conversamos con una de las integrantes de su Junta de Gobierno, Inmaculada, que además de ejercer como abogada desempeña la responsabilidad de bibliotecaria del Colegio, una función vinculada al acceso al conocimiento jurídico y a la actualización permanente de los profesionales. A través de esta entrevista abordamos también la evolución del papel de la mujer en la profesión jurídica y el papel que desempeñan los colegios profesionales en el apoyo a la abogacía.
1. Formas parte de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de la Abogacía de Toledo como bibliotecaria. ¿En qué consiste esta responsabilidad dentro del Colegio?
Llevo poco tiempo formando parte de la Junta de Gobierno del Colegio de la Abogacía de Toledo. Como bibliotecaria, tengo la responsabilidad de tratar de poner a disposición de mis compañeros las bases jurídicas que tanto nos ayudan para el ejercicio diario de nuestra profesión.
Como reto, quiero darle más accesibilidad a nuestra página web y, para ello, estamos diseñando dentro de la página web un acceso para los profesionales de la abogacía donde se puedan denunciar las distorsiones que nos encontramos en nuestro día a día con los juzgados para tratar de revertirlas, de manera que, si varios compañeros comunican la misma queja del mismo juzgado, la Junta de Gobierno pueda intervenir hablando con el juzgado para tratar de paliar el problema.
Por ejemplo, como consecuencia de la comarcalización de los Juzgados de Violencia de Género, nos estamos encontrando que desde el juzgado, y debido a la carga de trabajo que tienen, en algunas ocasiones, y dependiendo de cuándo llega el atestado al juzgado, se decide de forma arbitraria que, aunque el detenido se encuentra ese día a disposición judicial y la víctima del delito y testigos han sido citados ante el juzgado, el juzgado nos cita para el día siguiente, lo que supone hacer volver a la víctima, testigos y abogadas al día siguiente, así como prorrogar la detención sin causa justificada, una anomalía que debe ser revertida.
2. Además de esta función institucional, ejerces también como abogada. ¿Cómo compaginas ambas responsabilidades y qué te aporta esta doble perspectiva dentro de la profesión?
Con mucha ilusión y, sobre todo, con la firme intención de ser útil a mis compañeros. Es verdad que este compromiso me resta tiempo de trabajo, pero lo afronto con energía y con el anhelo de poner mi granito de arena para facilitar la vida profesional a mis colegas.
3. La biblioteca jurídica y el acceso a recursos documentales son herramientas fundamentales para el ejercicio de la abogacía. ¿Qué papel desempeñan hoy en el trabajo diario de los profesionales?
Es básico. En los tiempos en los que vivimos, nuestros clientes requieren respuestas rápidas en los asuntos que les inquietan, y contar con un fondo documental completo te da la oportunidad de dar una respuesta solvente y rápida.
4. Desde tu experiencia, ¿cómo ha evolucionado el acceso a la información jurídica y la formación continua de los abogados en los últimos años?
Como anécdota personal, recuerdo que allá por el año 1994, cuando me colegié, la manera de consultar la jurisprudencia era acudir a la biblioteca del Colegio de la Abogacía de Madrid; por entonces ejercía allí, y me sumergía en los tomos de jurisprudencia de Aranzadi con la esperanza de encontrar la sentencia que buscaba para defender mi pleito. Empleaba horas y horas de trabajo hasta encontrar lo que quería, una locura. Hoy esto ha cambiado sustancialmente, pues contamos con herramientas que nos facilitan mucho el trabajo.
De la misma forma, antes los colegios de la abogacía ofrecían formaciones que no eran accesibles para todos, pues tenían un coste elevado para los abogados de nueva incorporación, pero hoy la formación se afronta desde el Colegio de la Abogacía de Toledo como un derecho para todos los abogados, ya sean veteranos o junior, a coste cero, a través de monográficos e incidiendo en materias de cambios legislativos, lo que nos dota del conocimiento y formación necesaria para la práctica diaria.
5. ¿Crees que cada vez hay una mayor presencia de mujeres en espacios de representación profesional, como las juntas de gobierno de los colegios de la abogacía?
Indudablemente, las cosas están cambiando, pero aún falta mucho camino por andar. Sin ir más lejos, nuestro colegio solo cuenta con tres mujeres en una Junta de Gobierno de nueve personas, con lo que estamos lejos de la paridad.
Aunque es un hecho que somos muchas abogadas, fiscales y juezas, lo cierto es que en los espacios de toma de decisiones seguimos siendo muy pocas. Por ejemplo, de los 64 magistrados del Tribunal Supremo, solo hay 22 mujeres y, desde hace poco más de un año, una mujer, Isabel Perelló, fue elegida como presidenta del Tribunal Supremo. Es ahí donde las mujeres pueden realmente cambiar las cosas y donde las mujeres deben acceder en condiciones de igualdad con los hombres.
6. ¿Qué significa para ti formar parte de la Junta de Gobierno del Colegio de la Abogacía de Toledo?
Es una responsabilidad que me tomo con la seriedad requerida, poniéndome a disposición de la abogacía toledana para recoger sus demandas y tratar, en la medida de mis posibilidades, de resolverlas.
7. Desde tu punto de vista, ¿qué papel desempeñan hoy los colegios profesionales en el apoyo y acompañamiento a los abogados y abogadas en el ejercicio de su profesión?
El apoyo es fundamental, de un lado, a través de la formación continua, y de otro, como hilos conductores de las quejas o inquietudes de la abogacía ante las instituciones y los juzgados.
8. A lo largo de tu trayectoria profesional, ¿qué aprendizajes destacarías de tu experiencia dentro de la abogacía?
Ser abogada significa estar cerca de los problemas de la gente. Nosotros conocemos de primera mano todas las realidades que preocupan y ocupan a la ciudadanía. Esto nos hace ser personas empáticas, pues comprobamos que los problemas que tienen nuestros círculos familiares y de amigos son muy distintos a otras realidades con las que nos enfrentamos día a día en el turno de oficio. Es una profesión muy social que nos pone de cara con otras realidades de vulnerabilidad extrema.
9. ¿Qué consejo darías a quienes comienzan su carrera en el ámbito jurídico?
Les animo fervientemente. Si tienen vocación de servicio público podrán acceder al turno de oficio en múltiples disciplinas del derecho, pero han de tener paciencia, pues nuestra profesión en el momento actual está francamente denostada por lo arduo y lento en que se resuelven los litigios. Aunque esto no es responsabilidad nuestra, la cara visible siempre es la del abogado y es a nosotros a quienes nos piden soluciones.
Es una profesión que permite ayudar a la gente a resolver, mediante la negociación primero, y si esta no es posible, mediante el juzgado, los asuntos que les preocupan y, en este sentido, es muy satisfactoria.
10. Para terminar, si quisieras añadir alguna reflexión personal sobre la profesión, sobre el papel de la mujer en la abogacía o sobre el trabajo que se realiza desde el Colegio, ¿qué te gustaría destacar?
Como responsable del Ilustre Colegio de la Abogacía de Toledo del área de Violencia de Género y vocal de la Subcomisión de Violencia del Consejo General de la Abogacía Española, y con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, quiero reivindicar la igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres. La igualdad legal está declarada en nuestra Constitución, pero la igualdad aún sigue siendo un reto para nuestra sociedad como garantía de nuestro Estado de derecho.
Vemos todos los días cómo se siguen ejerciendo todo tipo de violencias contra las mujeres, desde la violencia institucional, pasando por la aguda brecha salarial que padecemos, las violencias sexuales que se han incrementado de forma alarmante en lo que llevamos de año, la falta de legislación que nos permita perseguir delitos como la violencia económica, la violencia digital y la violencia vicaria, delitos que por la falta de regulación quedan impunes, la explotación sexual de mujeres y niños, que es otra terrible forma de violencia contra las mujeres, cuya regulación integral seguimos esperando, la falta de normativa contra la prostitución que ampara la explotación sexual, la violencia sanitaria, el techo de cristal en la promoción profesional de las mujeres y tantas otras violencias que vulneran los derechos fundamentales de tantas mujeres y niñas, nos deben interpelar como sociedad. Y, aunque es indudable que se ha avanzado mucho, el camino aún es largo.
Este año se han cometido 10 asesinatos contra mujeres y se ha asesinado a dos niños. Estos crímenes machistas se cometen contra las mujeres y sus hijos por el simple hecho de ser mujeres y, mientras esto siga sucediendo, el feminismo debe seguir luchando por conseguir la igualdad efectiva y real entre mujeres y hombres.
Poniendo de relieve el retroceso que estamos sufriendo, hoy es un buen día para reivindicar el sostenimiento y protección de los derechos que a lo largo de los años se han logrado. La igualdad no se hereda, se debe mantener y defender en nuestro ejercicio diario de la abogacía desde la perspectiva de género, para construir una sociedad libre de violencia contra las mujeres e igualitaria.
